Cuando el dinero recortó la Biblia: Las Sociedades Bíblicas y su llegada a México
En nuestra entrada anterior hablamos sobre las verdaderas semillas del boom evangélico en México y América Latina. Pero hoy quiero tocar un tema que suele ser el elefante en la habitación cuando católicos y protestantes nos sentamos a dialogar: ¿Por qué sus Biblias tienen 66 libros y las nuestras 73 (o 72)?
Muchos hermanos evangélicos hoy día defienden a capa y espada el canon de 66 libros, creyendo que están protegiendo la pureza de la doctrina apostólica. Lo que la gran mayoría no sabe es que lo que están defendiendo no es una postura teológica antigua, sino una decisión financiera tomada hace apenas 200 años por las Sociedades Bíblicas Británicas.
El panorama: Anglicanos vs. Calvinistas
Para entender esto, hay que viajar a la Gran Bretaña del siglo XIX. Ya habían pasado más de dos siglos desde la Reforma Protestante. En Inglaterra gobernaba la Iglesia Anglicana, la cual conserva una liturgia solemne, jerarquía de obispos, sacerdotes e incluso un respeto altísimo por la Virgen María (al grado de tener documentos ecuménicos conjuntos con Roma sobre la devoción mariana).
Sin embargo, al norte, en Escocia, el ambiente era muy distinto. Ahí reinaba un calvinismo reformado mucho más duro (muy diferente, por cierto, al neo-calvinismo libre y fragmentado que exportó Estados Unidos a Latinoamérica). Estos escoceses formaban una base de donantes fundamental para las recién creadas Sociedades Bíblicas Británicas y Extranjeras, cuyo objetivo era imprimir la Palabra de Dios y llevarla a todo el mundo.
El boicot financiero de 1826
Desde que se cerró el canon bíblico en los primeros concilios de la Iglesia (Roma en el 382 d.C., Hipona y Cartago), todas las biblias cristianas durante 1,500 años tuvieron los mismos libros completos. ¡Incluso los padres de la Reforma Protestante, como Martín Lutero y Juan Calvino, nunca se atrevieron a sacar los libros deuterocanónicos (Macabeos, Sabiduría, Tobías, etc.) de sus Biblias! Simplemente los movieron a un apéndice entre los testamentos, considerándolos útiles para la lectura.
Pero en la década de 1820, en lo que se llamó «La Controversia puritana», los mecenas escoceses le doblaron la mano a la Sociedad Bíblica Británica. Amenazaron con retirar todo su financiamiento si la sociedad seguía gastando dinero en imprimir los libros «apócrifos» (deuterocanónicos). Ante la disyuntiva de mantener la integridad histórica de los manuscritos o perder el dinero, las Sociedades Bíblicas eligieron el dinero. En 1826, dejaron de imprimirlos definitivamente. Así nació, por un recorte de presupuesto, la Biblia de 66 libros.
México y el precio de las convicciones
Con el tiempo, el gobierno de Benito Juárez abrió las puertas de México al protestantismo (no juzgaremos aquí sus intenciones políticas de contrarrestar el peso del clero católico). Llegaron entonces los misioneros ingleses y estadounidenses promoviendo la alfabetización de los campesinos a través del método lancasteriano, que usaba la Biblia como libro de texto.
Pero se toparon con un muro: México era y sigue siendo un país profundamente católico, y la gente, aunque no supiera leer bien, se daba cuenta rápidamente de que a esos libros les faltaban partes. Esas Biblias «mochas» generaban desconfianza.
¿Qué hizo la Sociedad Bíblica, esa misma que había jurado por presión puritana no volver a imprimir los libros deuterocanónicos? Pues al ver que el mercado mexicano se les cerraba, hicieron una excepción y sí imprimieron Biblias completas temporalmente para poder entrar a nuestro país. Una vez más, el mercado dictó la teología.
La ironía de la Biblia de Estudio moderna
Hoy en día, las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU) dominan el mercado editorial protestante. Gracias a los medios de comunicación y al internet, la iglesia evangélica se ha establecido en México de forma autónoma. Puedes ir a tu librería protestante favorita y comprar tu Biblia de 66 libros.
Pero hay una ironía gigante: los estudiosos serios del protestantismo se topan con un callejón sin salida. Si lees el Nuevo Testamento, verás que Jesús y los apóstoles citan y viven contextos de los libros deuterocanónicos. Por ejemplo, Jesús asiste al Templo para celebrar la Fiesta de la Dedicación (Hanukkah) en Juan 10:22. ¿Dónde está instituida esa fiesta en el Antiguo Testamento? En los libros de los Macabeos.
Por eso, casi cualquier exégeta o teólogo evangélico serio tiene en su escritorio una Biblia de 73 libros. E incluso, las mismas Sociedades Bíblicas Unidas, movidas nuevamente por los números, imprimen hoy en día ediciones «Ecuménicas» completas para poder venderle no a los católicos, sino a los protestantes estudiosos que requieren esos libros al alcance para su estudio.
No se trata de atacar por atacar. Es simplemente un llamado a conocer nuestra historia. Detrás de muchos gritos de «sana doctrina» y defensa de los 66 libros, a veces lo único que hay es el eco de las monedas de unos inversores escoceses de hace 200 años.

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